El reloj de cuerda suspendido, el teléfono desconectado, en una mesa dos copas de vino, y a la noche se le fue la mano.
Un luz rosada imaginamos, comenzaron por probar el vino, con mirarnos todo lo dijimos, y a la noche se le fue la mano.
Si supiera contar todo lo que sentí, no quedo un lugar que no anduviera en ti.
Besos, ternura, que derroche de amor, ¡cuánta locura!
Besos, ternura, que derroche de amor, ¡cuánta locura!
Que no acabe esta noche, ni esta luna de abril, para entrar en el cielo no es preciso morir.
Parecíamos dos irracionales, que se iban a morir mañana.
Derrochamos, no importaba nada, las reservas de los manantiales.
Parecíamos dos irracionales, que se iban a morir mañana.
Besos, ternura, que derroche de amor, ¡cuánta locura!
Besos, ternura, que derroche de amor, ¡cuánta locura!
Que no acabe esta noche, ni esta luna de abril, para entrar en el cielo no es preciso morir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario